…”Por ese puente llego a la isla un ñeque viejo, de la rarísima especie de los ñeques alados, su nombre es Rur Laz y había hecho un azaroso viaje en procura de un alimento que le prolongara su existencia. Es bien sabido por todos, que los ñeques alados se nutren de historias. Su permanencia en la vida la determina el número de relatos que son capaces de encontrar. Cuando por cualquier circunstancia pierden el poder de acercarse a las fabulaciones, mueren y se convierten en manojos de polvo acunados por el viento…”
NIÑO, Jairo Aníbal. El rio de la Vida. p 13
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